5 feb 2008

Gastón Acurio en la Universidad del Pacífico, Perú

CEREMONIA DE APERTURA DEL AÑO ACADÉMICO
DISCURSO DE ORDEN DE:


GASTÓN ACURIO JARAMILLO
Marzo 2006
Si bien podríamos pensar que los recursos naturales con los que cuenta nuestro país han sido una bendición, la historia nos ha enseñado siempre lo contrario. Alguna vez fue el caucho; otra vez, el guano; hoy son los minerales. Sin embargo, cuando estos se acaban, con ellos termina un ciclo económico de bonanza y aparece esa odiosa debacle e incertidumbre que destruye democracias y da origen a falsos caudillos.

Nos queda claro, entonces, que el crecimiento, la estabilidad y la riqueza de un país nunca estará del lado de los recursos naturales, sino de los productos que se elaboren con ellos. Por ello, los suizos compran recursos como el cacao o el oro y con ellos elaboran chocolates, joyas o relojes; y, por ello, los japoneses y los coreanos compran minerales para luego transformarlos en electrodomésticos y automóviles. Los ciudadanos de todos los países industrializados han entendido que la gran riqueza no está solo en la elaboración de productos genéricos, sino en la creación de marcas cuyo reconocimiento en términos de calidad les permite expandirse por todo el mundo. Por ello, Suiza compró cacao y oro, y sus ciudadanos los convirtieron en chocolates Nestlé y en relojes Rolex; Japón y Corea compraron minerales y su gente los convirtió en Toyota, Nissan o Samsung; y en épocas aún más recientes, el norteamericano Howard Shultz compró café por el mundo y se lo devolvió convertido en Starbucks.

Pues bien, la gastronomía peruana hasta hace muy poco ha sido justamente eso: un gran recurso. En efecto, ha sido un recurso muy querido por todos, un orgullo para todos, y muy apreciado por algunos extranjeros que descubrían anecdóticamente sus bondades en visitas de trabajo por el Perú. Sin embargo, nuestra gastronomía no es afortunadamente solo un gran recurso, sino una suma de cocinas y conceptos que, en muchos casos, aún esconden un gran potencial. Una vez desempolvado tal potencial y luego de haberse creado el marco conceptual y puesto en valor, los productos de la gastronomía peruana podrían ser exportados por todo el mundo.

Así es. Detrás de nuestra entrañable cocina criolla, de nuestras pollerías, de los chifitas de barrio, de la cocina novoandina, de las picanterías arequipeñas, de los anticuchos, de los sánguches, de la cocina nikkei o de las cebicherias, existen oportunidades inmensas de crear conceptos que trasciendan su ámbito local para convertirse en productos, productos peruanos de exportación que no solo aspiren a codearse con conceptos ya instalados globalmente como pizzerías, hamburgueserías, sushi bares o taquerías mejicanas, sino que, además, generen al Perú enormes beneficios tanto económicos como de marca país.
Hasta aquí creo que podemos entender cómo nuestra gastronomía, un gran recurso, con productos con gran potencial, está lista para expandirse por el mundo; sin embargo, algo falta para el despegue final. ¿Qué sucede que aún no despegamos como quisiéramos?

Todos los estudios de mercado hechos fuera del Perú por empresas internacionales indican que el concepto culinario más en alza en el mundo es el peruano, que la demanda del consumidor internacional por conceptos peruanos rebasa largamente a su oferta, que invertir en un restaurante peruano bueno es invertir sin riesgo en cualquier ciudad norteamericana o europea.

Dentro del Perú hemos vivido una revolución editorial y educativa en términos culinarios que nos ha llevado a publicar en los últimos diez años más libros de cocina que en toda nuestra historia editorial previa. En Lima se han abierto, en los últimos 5 años, 22 escuelas de cocina reconocidas oficialmente, lo que la convierte en la ciudad con más escuelas de cocina en el mundo. Este año el 30 por ciento de los turistas que visitó el Perú para ir a Cuzco decidió quedarse en Lima un par de días adicionales solo por todo lo que había leído y escuchado acerca de su gastronomía. Los periodistas más importantes de todo el mundo son enviados a cubrir esta revolución culinaria y publican artículos y emiten programas de TV deslumbrados por lo que ellos consideran la inminente invasión peruana de sabores por todo el mundo. ¿Por qué a pesar de todos esos indicadores aún no se crean restaurantes peruanos en todas partes? La respuesta es más que evidente. Tenemos el recurso, disponemos de los productos. ¿Qué nos falta? Las marcas. Las marcas peruanas de productos culinarios peruanos por el mundo. Allí está la clave.

Algunos dirán que nos falta también el capital, los recursos financieros. Nosotros podemos rebatir ello contándoles que recibimos casi diariamente propuestas de inversionistas, desde Arabia Saudí hasta Australia, para invertir en restaurantes peruanos, propuestas que en su mayoría rechazamos porque creemos firmemente que todo tiene su momento, su espacio, su oportunidad.

Marcas peruanas, eso es lo que los cocineros y empresarios peruanos tenemos que lograr para que esos inversionistas no tengan una, sino muchas opciones para escoger a la hora de decidirse por uno u otro concepto. Necesitamos marcas que hayan desarrollado internamente todo aquello que hace que una pequeña gran idea, un pequeño gran sueño se traduzca en una filosofía poderosa que vaya creciendo poco a poco hasta convertirse en un modelo para estudiar, imitar, admirar, e incite a invertir.

En el caso de nuestra organización hemos venido desarrollando conceptos culinarios cuya aspiración, desde el comienzo, fue no solo su internacionalización, sino también su segmentación, pues entendimos desde el comienzo que los restaurantes no son escenarios genéricos sino espacios para públicos distintos, para momentos distintos, para economías distintas.

Cuando empezamos con el restaurante “Astrid y Gastón” hace doce años, lo hicimos con un capital de 45,000 dólares, prestados por familiares y amigos sin mucha fe, pero con un gran cariño hacia nosotros. Al cabo de 5 años, y luego de haber encontrado finalmente nuestra filosofía, después de habernos definido conceptualmente como restaurante de alta cocina peruana, lo que nos permitió ubicarnos en la cúspide de la pirámide de segmentación del mercado culinario, hicimos nuestra primera incursión fuera del país, en Chile, donde la cocina peruana ya tenía un gran reconocimiento. Los premios no tardaron en llegar, y luego vinieron Colombia, Ecuador, y, ahora, Venezuela, Panamá y México. Hoy cada uno de los locales ubicados en los mencionados países no solo es rentable, sino que, además, es reconocido como líder y referente de alta cocina en cada lugar. Así es: alta cocina peruana codo a codo con la francesa, la española, la italiana, etc. Como en algunos casos, las revoluciones empiezan de arriba hacia abajo, esto nos ha preparado el terreno para que nuestras otras marcas puedan ingresar con facilidad en otros segmentos avaladas por el prestigio generado por la anterior. Es más fácil conquistar corazones haciendo alta cocina y luego sánguches que haciendo sánguches y luego alta cocina.

Después nació “Tanta”, al que ubicamos dentro del segmento del restaurante familiar y lo definimos como el bistró o el deli de los peruanos, el lugar donde quien no podía pagar “Astrid y Gastón” podía sentir la misma filosofía y el mismo espíritu, pero en un ambiente informal y con precios asequibles, siempre con los sabores peruanos, pero siempre con originalidad, sofisticación y espíritu artesanal. Para nosotros hacer “Tanta” fue de alguna manera una catarsis, pues cada vez más “Astrid y Gastón” nos dejaba esa sensación de ser cocineros de elites pequeñas en un país de muchos y “Tanta” significaba justamente liberarnos de esas ataduras y poder mostrar a muchos todo aquello que queríamos decir con nuestro trabajo. Hoy tenemos tres locales en Lima, abrimos uno más este año y hemos terminado ya el proceso de elaboración de manuales, con lo cual ya está listo para ser exportado.

Luego vino “La Mar”. Si bien tengo muchas cebicherías favoritas, siempre sentí que todas carecían de una filosofía total que les permitiera competir con liderazgo en cualquier parte del mundo. Sentía mucha pena al ver cómo los peruanos habíamos devaluado un producto tan atractivo y sofisticado como nuestra cocina marina, relegándolo a categoría de “chingana” con sillas de plástico, sin servicio y con otras carencias notables. Y lo que era más grave, cuando algún empresario decidía mejorar sus instalaciones o mejorar el servicio, automáticamente quitaba el cartel de cebichería, para llamarlo restaurante de pescados y mariscos, sin darse cuenta de que era justamente ese nombre su mayor virtud, la que lo diferenciaba de las demás ofertas marinas que encontramos por el mundo.

Cebichería, peruvian seafood, eso fue lo que imaginamos como una realidad difundida por todas partes. Y, claro, lo demás era simple: había que aprovechar la enorme popularidad del cebiche por el mundo y crear una cebichería como concepto ubicado en el segmento étnico que compitiera internacionalmente con los sushi bares japoneses, con la convicción de que no eran ni mejores ni peores, sino simplemente distintos, con la diferencia de que frente a la solemnidad casi monacal del sushi bar, estaba el espíritu divertido y desenfadado de la cebichería. Había que mantener los elementos identificadores: la caña, el viento, la luz, pero con diseño. También era necesario mejorar y estandarizar la materia prima, crear una filosofía de servicio acorde con el ambiente alegre que debía de prevalecer, conservar los sabores con detalles de imaginación, y contar esa historia real de que los peruanos amamos el cebiche, y la cebichería es nuestro templo en todas partes.

Hoy estamos abriendo el segundo “La Mar” en Lima y ya hemos vendido franquicias de este concepto en México, toda Centroamérica y el Caribe, y Brasil. Para el año 2007 esperamos iniciar las actividades de esta marca en Inglaterra y Washington. Creemos firmemente, por muchas razones, que la cebichería peruana es el concepto que se expandirá más rápidamente por todo el mundo.

¿Cuál es nuestra cuarta marca? Cuando uno pregunta a diez peruanos si les gusta el pan con chicharrón, los diez dicen que sí. Cuando uno pregunta si les gustan las hamburguesas, la cifra baja a 5 ó 6. Sin embargo, cuando uno repregunta cuántos panes con chicharrón o cuántas hamburguesas ha comido durante la semana, estas últimas siempre terminan ganando. Por haber conocido y analizado esta realidad, entendimos claramente el mensaje. El problema no era nuestro sánguche, el problema era que no había una marca que pudiera salirles al frente a las cadenas de comida rápida con una propuesta que, a partir de nuestras tradiciones sangucheras, pudiera crear un escenario que satisficiera las aspiraciones de nuestra gente.

En estos momentos estamos por inaugurar la sanguchería “Pasquale hermanos” para ubicarse dentro del segmento de comidas rápidas, para que, sin renunciar a su espíritu artesanal, sino más bien haciendo de ello una ventaja, compita directamente con las marcas de comida rápida internacionales con un concepto netamente peruano. Allí existirá un escenario ad hoc, unos protagonistas, los hermanos Pasquale, primos de los Carbone, los Cordano, los Queirolo, los Palermo, fundadores de las sangucherías limeñas, pero donde el peruano sentirá que finalmente el sánguche peruano dejó de ser una aventura mensual y valiente, y se hará parte de su vida cotidiana. Lo que nos inspira es la ilusión de que este segmento de mercado se reacomode y dé cabida a una propuesta netamente nacional.

Esperamos abrir muchos “Pasquale” en Lima y su internacionalización dependerá del éxito de las cebicherías, los bistrós peruanos, y otros conceptos que harán de la marca genérica Perú lo suficientemente fuerte como para que “Pasquale” tenga el camino expedito.

Estamos ahora en busca del local para construir nuestra quinta marca: “Panchita”. Durante siglos, las anticucheras de las esquinas formaron parte del ornato y la identidad de nuestra ciudad y, por cierto, del atractivo hacia el turista. Sin embargo, en los últimos años autoridades equivocadas las persiguieron argumentando razones sanitarias, en vez de darles las herramientas para que estuvieran de acuerdo con los tiempos, al punto que hoy es casi imposible encontrar una anticuchera de aquellas que daban vida y aroma a nuestras esquinas. Paradójicamente en cada una de esas esquinas han abierto pequeños negocios de hamburguesas o pollos broaster con costumbres sanitarias mucho más cuestionables que las de nuestras doñas Panchitas de antaño y que, además, en nada podrían cautivar al extranjero que nos visita.

Es con tal espíritu reivindicador con el que nace “Panchita”, como un homenaje a esa tradición y a todas esas anticucheras que alguna vez adornaron la ciudad. Anticuchería, pero convertida en un restaurante de verdad, con servicio, con diseño, con filosofía propia; anticuchería que será vendida al mundo como la parrilla de los peruanos, y que nace con la vocación internacional de competir directamente con las parrillas argentinas y los rodizios brasileños, pero todo en el mundo del anticucho, dentro de un marco festivo y con decoración que recuerda a las haciendas peruanas, con anticucheras robustas en vez de parrilleros gauchos, con parrillas como las de las esquinas, con huancaínas y cremas en vez de chimichurris, con 25 tipos de anticuchos con todos los sabores, desde el clásico de corazón hasta el sofisticado de atún, con yuca frita, papas doradas, choclos y tacu tacus en vez de papas fritas, con música latina en vez de tangos, con una fiesta de sabores peruanos en vez de una sola pieza de carne de 500 gramos. La anticuchera de la esquina, pues, quedará convertida en restaurante. Su internacionalización dependerá del éxito de las cebicherías.

Estamos en proceso de creación de tres marcas más. La primera es la de un chifa, pero que sea el real reflejo de una fusión peruano-china y no de un restaurante chino con toques peruanos. Hoy el Perú cuenta con 5,000 chifas; sin embargo, no tenemos ninguna marca. Deberemos crear decoración, ambiente, música, filosofía de servicio, y comida, por cierto, comida que sea el reflejo de un auténtico mestizaje peruano-chino, cuya diferenciación de lo chino será la clave para su internacionalización.

Estamos también en proceso de creación de la pollería de nuestros sueños, donde las guarniciones peruanas harán la diferencia frente al roasted chicken de otros lares, y donde la brasa que le da todo el sabor original, y que lamentablemente algunos comercios hoy devalúan llamándolo brasa cuando usan gas, será lo que marque la diferencia y el sello de roasted chicken peruvian style.

Crearemos también una cadena de hoteles boutique en lugares paradisíacos de nuestro país, con un espíritu peruano latino, donde el diseño, el buen precio, el servicio esmerado y, a la vez, espontáneo y la gran cocina avalada por nuestras marcas serán la clave de su crecimiento y de su internacionalización.

Finalmente hemos terminado de desarrollar lo que es el comienzo de nuestra división industrial. Tenemos claro que, en un futuro, el desarrollo de la cocina peruana, no solo en restaurantes orientados al extranjero, sino también en los hábitos de consumo internacionales, generará una demanda de bases de sabor, salsas, productos derivados que simplifiquen el camino a la hora de preparar un cebiche, un tiradito, una causa y demás. Hemos desarrollado ya las fórmulas: solo nos queda esperar que el mercado esté listo para recibirlas en una marca que tenga como aliado estratégico a un productor emprendedor de Virú, con quien ya contamos, y un distribuidor apasionado, peruano también, quien ya está listo para asumir su función.

Me imagino que ustedes y mucha gente se preguntará por qué tanta fe. En realidad no es fe, es simplemente resultado de un análisis concreto. En los años 80 se dio el inicio del gran despegue de la cocina mejicana por el mundo. En aquel entonces no había Internet, ni las economías estaban globalizadas, ni las barreras culturales habían sido quebradas, ni las fusiones estaban de moda. En ese momento, los mejicanos salieron al mundo con sus tacos y sus tequilas, convencidos de que con ello conquistarían a todos.

En aquel entonces habría unos 500 restaurantes mejicanos. Hoy debe haber más de 200,000. Con ello no solo lograron introducir dicho concepto, sino que también lograron poner de moda el tequila, la cerveza Corona, las salsas derivadas que hoy vemos en todos los supermercados y, por supuesto, el chile. La difusión del chile llegó a tal punto, que hoy nuestro valle de Virú tiene que producir chile jalapeño porque el agro mejicano no es suficiente para abastecer la demanda mundial.

Con los japoneses sucedió lo mismo. A inicios de los ochenta no había sushi bares por el mundo. Hoy hay más de 50,000, y, gracias a ellos, pudieron entrar no solo productos sino otros conceptos como el teppanyakki, del benihana, o los noodle bars tan de moda en Europa.

Entonces, si hoy las barreras culturales ya no existen, si el Internet está al servicio de todos los conocimientos culinarios internacionales, si las economías se han globalizado irreversiblemente, si los estudios, la prensa internacional y el consumidor foráneo nos dan permanentes señales de estar esperándonos, y si, además, contamos no con un producto, sino con muchos productos mucho más diversos, sofisticados y divertidos que ofrecer, ¿por qué creer que vamos a fracasar en el intento? Nuestra fe nace del análisis, no de la ilusión, y nuestra fuerza, eso sí, nace del deber, de la convicción de que los cocineros somos actores reales de los procesos de cambio que el Perú necesita. Creemos firmemente que el éxito de los restaurantes peruanos por el mundo traerá consigo muchísimos beneficios directos e indirectos para el país.

Imaginamos de aquí a veinte años un escenario donde existan, al igual que hoy hay mejicanos, unos 200,000 restaurantes peruanos de todo tipo y en todas partes. Supongamos que, cuando caminemos por cualquier ciudad europea, encontraremos una anticuchería al lado de una pizzería, una sanguchería al lado de una hamburguesería, una cebichería al lado de un sushi bar o un restaurante criollo al lado de un tex mex. Si somos capaces de concebir esa realidad, entonces podremos imaginarnos todos los beneficios que aquel escenario traerá consigo.

La demanda de productos tan comunes como papa amarilla, ají, cebolla roja, rocoto o limón se multiplicaría infinitamente y con ello acabaríamos con uno de los más dolorosos males que padece nuestro país y que genera tanto enfrentamiento aprovechado coyunturalmente por falsos profetas: el empobrecimiento del campesino peruano en los Andes. Hoy, para solo darles un ejemplo, el kilo de papa amarilla se vende en Europa en mercados étnicos a 5 euros el kilo. En contraste, por lo mismo al campesino peruano se le pagan solo 30 céntimos de sol en chacra. Con el nuevo escenario, esto cambiaría y, con ello, desaparecería un permanente caldo de cultivo para la inestabilidad del país.

En dicho escenario se generarían también muchas industrias y productos de base de sabor, como la que venimos desarrollando, de salsas, de pisco, de libros, de revistas, de turismo gastronómico, de asesoramiento gastronómico, de snacks, de dips y todo aquello que va naciendo alrededor de conceptos como los que tenemos. Italia, por ejemplo, exporta productos por 5,000 millones de dólares solo porque un concepto llamado pizza existe por todo el mundo. Esto es más que elocuente para imaginar lo que podríamos generar en torno a toda nuestra gama de conceptos. Quizás lograríamos una cifra mucho mayor que esa.

Por último, el hecho de tener estos conceptos y marcas por el mundo, le daría a la marca Perú un poder de seducción que no solo llamaría la atención del público internacional hacia otras propuestas peruanas, como la moda, el diseño, la joyería, la música, la industria y demás, sino que también incentivaría y activaría la creatividad y la confianza de nuestros jóvenes para elaborar conceptos propios y tener la valentía de salir al mundo con ellos.

Por estas razones creemos que los cocineros tenemos muchas cosas que decir: además de cocinar, tenemos una enorme responsabilidad como miembros de una generación a la que se ha dado con mucha generosidad la oportunidad de representar a su país en aquello que tiene de más poderoso: su gastronomía; en aquello que el mercado hoy más valora y aprecia de nosotros; en aquello que puede generar enormes cambios no solo económicos, sino sobre todo en la manera como los peruanos debemos encarar nuestro futuro personal y el futuro del Perú.

Los peruanos debemos buscar la riqueza dentro de nosotros mismos: estamos llenos de oportunidades por todas partes esperando a alguien que les dé el valor y la fuerza necesarios para convertirlas en algo atractivo y poderoso para vender al mundo.

La clave está en entender que somos una gran nación, con una gran cultura viva, fruto de siglos de mestizaje, y que es justamente ese mestizaje el que ha hecho de nuestra cocina una propuesta variada y diversa que ha cautivado finalmente al público internacional. Es en ese mestizaje donde los peruanos debemos encontrar la fuente de inspiración no solo para generar riqueza, sino sobre todo para aceptarnos y querernos como nación. Solo a partir de ello podremos encontrar dentro de nosotros todas aquellas ideas que luego saldrán transformadas en productos y en marcas para conquistar el planeta.
Hoy estoy aquí muy emocionado por el hecho de poder dirigirme a ustedes no solo para contarles todas estas cosas, sino para recordarles que, como yo, son ustedes los jóvenes más afortunados de este país. Que son aquellos a quienes la suerte les concedió haber nacido en una familia que los pudo educar con amor en un país donde muchos niños ni siquiera conocen el amor. Ustedes, hoy y aquí, están recibiendo la mejor educación, como la que yo recibí y como la que hoy reciben mis hijas, mientras muchas otras niñas en vez de ir a la escuela tienen que trabajar.

Esto no solo debe indignarnos como ciudadanos de un país al que amamos y en el que queremos crear riqueza y logros personales, sino que debe convertirnos en actores para revertir para siempre esta situación y llevarnos finalmente a construir un país próspero lleno de riqueza, donde sintamos orgullo de formar parte de una nación en la que las oportunidades están basadas en una educación igual para todos, en la que existe una justicia igual para todos y un Estado que, de la mano con sus ciudadanos, vigila e interviene enérgicamente frente a la arbitrariedad, el abuso y el rompimiento de las reglas de juego pactadas por todos.

Créanme, solo es posible cumplir sus sueños personales si tenemos un sueño nacional anterior. El éxito personal solo llegará si nuestros objetivos trascienden al ámbito individual para formar parte de una gran aspiración colectiva. Japón reconstruyó su país en ruinas para convertirse en la potencia de hoy porque antes que individuos eran japoneses. Alemania hizo lo mismo, Israel también, al igual que naciones mucho más jóvenes como Australia o Nueva Zelanda.

Es en ese espíritu nacional, pero el positivo, el que se abre al mundo, el que se cuestiona, el que tolera, el que abraza, el que integra, el que aplaude el éxito y no en el nacionalismo que se lamenta, que condena, que divide, que se encierra y protege la mediocridad, en donde finalmente los peruanos alcanzaremos el rostro definitivo de nuestra nación y con él la tan ansiada prosperidad.

Para terminar quisiera decirles, en realidad pedirles, que no se vayan del Perú: ustedes son sus hijos más afortunados, sus hijos más preparados. Si salen a estudiar una maestría, regresen. No se vayan: es aquí donde están las oportunidades, es aquí donde está la riqueza, es aquí donde la vida encuentra un sentido. No se vayan porque su pueblo los necesita; el Perú los necesita; la historia los necesita.

Muchas gracias

Vídeo 1. Gastón Acurio en Prensa Libre


Vídeo 2. Gastón Acurio en Prensa Libre 2


Vídeo 3. En la Ventana Indiscreta

22 ene 2008

¡Qué lechero!

Por: Dr. Carlos Arrizabalaga Lizarraga
Profesor de Lingüística de la Universidad de Piura
Piura, 14 de enero de 2008
carlos.arrizabalaga@udep.pe  

El Dr. Arrizabalaga es un filólogo español que radica en el Perú desde 1996. Su tesis doctoral trató sobre la sintaxis del español norperuano.

¡Qué lechero!
Alonso Carrió de la Vandera narra el pleito que establece un arrogante y fornido vaquero con un jesuita, quien con una tropilla de tucumanes había espantado el ganado de aquél de sus pastos. El corpulento Cosío amenaza con un trabuco “naranjero” para que se detenga “si no quiere ser el cuarto que eche a la eternidad”. El sacerdote perplejo sólo atina a preguntar si los tres habían sido también sacerdotes a lo que el arrogante Cosío le dijo que “todos habían sido lecheros, pero que no haría escrúpulo en matar a cualquiera que le quisiese insultar o atropellar” [1].

Aquellos pobres y desafortunados lecheros no pueden explicar realmente el motivo por el que en el Perú se ha venido a calificar familiarmente o coloquialmente como “lechero” a la persona que tiene suerte en el juego o en el amor, al afortunado en suma, tal como lo recogen Rubén Vargas Ugarte [2], Juan Álvarez Vita [3] y Miguel Ángel Ugarte Chamorro [4]. El término lo recoge la Real Academia en su Diccionario recién en la edición de 2001, pero no lo consigna con la marca geográfica de Perú, como sí lo había hecho Marcos Augusto Morínigo en 1966 [5].

El calificativo es usual en el Perú y se difunde ahora en el habla infantil y juvenil, pese a su origen grosero. Lo utiliza ahora Alan García, en su novela El mundo de Maquiavelo, cuando uno de los personajes se asombra de las cartas que le han tocado a su contrincante, a lo que éste responde: “Suerte en el juego, suerte en el amor” [6].

Cuando se logró capturar al jefe terrorista conocido como “camarada Feliciano”, en julio de 1999, los periodistas se referían al entonces presidente Fujimori con la ya proverbial frase "qué lechero es el Chino" [7]. En el habla coloquial peruana es ya un uso general si bien se reserva al uso coloquial, aunque no tenga carga despectiva. Según Morínigo, es término conocido en Bolivia, Costa Rica, Cuba, Chile, México, Panamá, República Dominicana y Perú. En Cuba y Puerto Rico Morínigo consigna la acepción de ‘oportunista, logrero’. Ángel Rosenblat registraba en Venezuela el significado despectivo de ‘pichirre’ o ‘avaro’, aunque para el afortunado se tenía el derivado “lechoso”, además de “sortario” [8].

Tanto en Venezuela como en otros países son variadas las expresiones con las que se expresa la buena suerte, la buena estrella o la ventura. Según Rosenblat, la frase “¡Qué leche!” era algo grosera, y también era vulgar la frase “¡Qué lechazo!” que sirve para aludir a un golpe de suerte. Las expresiones vulgares correspondientes en España son: “¡Qué folla!” (muy malsonante) o “¡Qué potra!" (más propio del habla infantil). Pero al que tiene suerte se le dice, simplemente, aquí y en todas partes, “suertudo”, como se ve en el relato "La vuelta del profesor famoso" de Carlos Eduardo Zavaleta [9]. Por supuesto, el término estándar es “afortunado”, mientras que “agraciado” tiene un uso restringido al habla formal y suele aplicarse al que obtiene un premio en algún sorteo. Al desafortunado se le dice, en la mayor parte del mundo hispánico, “salado”, aunque en España también se le dice así al chistoso.

El DRAE recoge también la acepción de ‘cicatero’ o ‘tacaño’ para nuestro “lechero”, que fue consignada por Augusto Malaret, en 1917 (junto con el significado de ‘persona que procura siempre sacar ventaja sin peligro alguno’, como propias de Puerto Rico y Venezuela [10].

Aunque no lo recogen los diccionarios me dicen que “lecheras” son también, en el habla infantil peruana, las bolinchas (o bolinches –en España canicas–, que en Piura se conocían como checos) de color blanco, a las que se les concede un mayor valor.

Parece ser una creación reciente, como las expresiones españolas: “mala leche” y “ser la leche”, que se han incorporado al Diccionario académico recién en sus ediciones de 1984 y 2001 respectivamente. En la última también se recoge “la leche” como frase elativa equivalente a ‘mucho’, que son poco conocidas en el español americano. En la Lima del siglo XIX existía el “suertero”, que era ‘el que pregona y vende por las calles números de la suerte, según recoge Juan de Arona [11]. En nuestros días han venido en llamarse “tinqueros” los que juegan mucho (no siempre con fortuna) a la Tinka, que es el juego de azar nacional, mientras que quienes venden en nuestras calles y centros comerciales los boletos de la Tinka no tienen una denominación particular.

Aunque se originó en el habla vulgar, se emplea ya en el uso común del español peruano [12].

Falta averiguar el motivo que habría originado la expresión. En el habla vulgar de México, la expresión “hijo del lechero” es una locución nominal que vale despectivamente como hijo ilegítimo o hijo natural [13]. En Honduras se aplica humorísticamente al niño que no se parece mucho a su verdadero progenitor. Si es que tuviera este origen, la razón de que el lechero sea considerado un tipo afortunado (cuando más bien debería ser juzgado de otra manera muy distinta) devela con nitidez el fuerte machismo de nuestras sociedades. Prefiero creer que el habla infantil la formó jugando a los bolinches.

REFERENCIAS
[1] Alonso Carrió de la Vandera, Concolorcorvo. El lazarillo de ciegos caminantes, Ed. Emilio Carilla, Barcelona, Labor, 1973, pág. 238.
[2] Glosario de Peruanismos, Lima, 1953, pág. 39.
[3] Diccionario de Peruanismos, Lima, Studium, 1990, pág. 314.
[4] Vocabulario de Peruanismos, Lima, UNMSM, 1997, pág. 178.
[5] Diccionario de americanismos, Buenos Aires, Muchnik, 1966, pág. 356.
[6] Bogotá, Editorial Tercer Mundo, 1994, pág. 157. Tomado de REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Banco de datos (CREA) [en línea]. Corpus de referencia del español actual. [14/01/08]
[7] Isaías Rojas Pérez, “¡Cayó Feliciano!”, en Ideele, n. 120. Lima, julio de 1999, págs. 4-5. Ver: http://www.idl.org.pe/idlrev/revistas/120/pag04.htm
[8] Ángel Rosenblat, Buenas y malas palabras en el castellano de Venezuela, Caracas, Mediterráneo, 1969, vol. I, pág. 156.
[9] El personaje se disculpa al rechazar una invitación de un amigo: "Es cumpleaños de mi mujer y tendremos a sus familiares a cenar." Y explica a continuación: "He insistido en el vocablo español, para que el otro ex-becario en Madrid como yo, entienda la hora del compromiso y hasta su prolongación". Finalmente el amigo devuelve el gesto diciendo: "Muy bien, suertudo." En Abismos sin jardines, Lima, Petroperú, 1000, págs. 89-98.
[10] Vocabulario de Puerto Rico. Edición de Humberto López Morales, Madrid, Arco-Libros, 1999, pág. 231.
[11] Diccionario de Peruanismos. Edición de Estuardo Núñez, Lima, Peisa, 1974, vol. II, pág. 362.
[12] En un relato delincuencial de Dante Castro (Callao, 1959) titulado "La ley de la ventaja", el protagonista (que acaba de asesinar a un individuo) piensa para sí que el taxista que lo ha llevado por menos de lo que pedía por la carrera en que se escapa del lugar del crimen es "lechero" porque pudo haberlo matado también. Ver el cuento en la antología Calixto Garmendia y otros cuentos, Ediciones Cultura Peruana, Lima, 2001, págs. 149-157.
[13] Aunque el Diccionario básico del español de México (El Colegio de México, 1986), dirigido por Luis Fernando Lara, solo recoge “hijo de leche” con la acepción de ‘criado por una nodriza’ (pág. 263).

4 ene 2008

Ostión u ostrón (en cebiche o al ajo y a lo mancoreña)














































Ayer estuve en Máncora, un distrito del litoral peruano, que tiene bellas playas y es sede del Campeonato Mundial de Tabla Hawaiana. De paso por alli conocí a la Sra. María Magdalena López de Lama, una de las propietarias de la Cevichería LAMA HERMANOS I (Av. Grau 125, Máncora, Perú). Ella nos contó que nació en Paita hace 72 años y que ha vivido en El Callao (Lima). Su especialidad es el Cebiche de Ostión (llamado también ostrón). El nombre científico del ostión u ostrón es Striostrea prismatica.

La Sra. María comienza su diálogo: "El ostión hay que picarlo, lavarlo..."

Agradecimiento al Biólogo Yuri Hooker Mantilla hookery@yahoo.com del Laboratorio de Biología Marina de la Universidad Peruana Cayetano Heredia por el apoyo en la descripción del nombre científico

Fotos 1, 2, 3 y 4. Rompiendo y extrayendo la carne del ostión (Ver parte superior).

Video 1. Rompiendo el ostión y vista panorámica de la playa de Máncora.



Vídeo 2. Explicación de la Sra. María Magdalena

2 nov 2007

Vívere o víveres: ¿y si sólo es uno?

Por Lady Noelia Olivares Mauricio
Profesora de Lengua y Literatura de la Universidad de Piura
Piura, 6 de julio de 2006

Hace poco me llamó mucho la atención leer en un cuaderno escolar: “No se olvide de enviar un vívere para la canasta”. Obviamente, solo se pedía un producto alimenticio para la canasta del día de la madre. En ese momento, me vino a la mente la idea de que existen palabras que no tienen singular y una de ellas es, precisamente, víveres. Entonces, me pregunté: “¿por qué no utilizar vívere en lugar de víveres, si sólo se pide una cosa y no dos o más?”

Nosotros, como hablantes, distinguimos la cantidad de objetos de una misma clase mediante el número: una silla, treinta sillas, varias sillas; un reloj, dos relojes, muchos relojes. El número es una variación gramatical que indica una sola persona, un solo objeto o una sola entidad (número singular), o más de una persona, de un objeto o de una entidad (número plural) (Gómez Torrego: 2002,131). En nuestro idioma, el número singular no tiene una terminación propia (silla, reloj); mientras que el número plural, generalmente sí, porque se forma mediante las desinencias o morfemas –s / –es (sillas, relojes) y, también, con la anteposición del artículo como sucede en: la crisis / las crisis. Sin embargo, el singular no siempre se refiere a un único ejemplar ni el plural a varios. Existen, peculiaridades en cuanto a la cantidad que indica el número, manifestadas en la forma de la palabra, sin que eso signifique que tenemos una mayor o menor cantidad de elementos.

Por ejemplo, qué sucede con las palabras: cosquillas, caries y nupcias. Las tres presentan la terminación del plural (–s); pero, ¿tienen singular?, ¿existirán las palabras *cosquilla, *carie o *nupcia? Aunque nos suenen las dos primeras, ninguna de las tres presenta forma singular. Es decir, lo correcto es cosquillas, caries y nupcias.

Si nos fijamos detenidamente, veremos que en estos sustantivos no hay una oposición numérica a diferencia de reloj/relojes, pues cuando siento cosquillas no siento un número determinado de ellas, no puedo afirmar que si digo *cosquilla en singular siento menos cosquillas que si digo la palabra en plural. Lo cierto es, que aunque estos términos aparecen en plural, no tienen nunca singular; por eso a este tipo de sustantivos se les conoce como pluralia tantum (sólo plural).

En efecto, volviendo con nuestro primer ejemplo, lo correcto es usar la palabra víveres; por lo que la nota en ese cuaderno escolar debió ser: “No se olvide de enviar los víveres para la canasta”, claro que de antemano podríamos saber que solo se enviaría un producto de cualquier naturaleza (un tarro de leche, una botella de aceite, un kilo de arroz, etc.).

Angelitos en las velaciones de Piura





Fotos: Luis Sánchez

Texto: Ronald Pinedo Rivera

Bajo la tenue luz de una noche de velas, focos eléctricos y ambulantes llegamos al cementerio “San Teodoro” (Piura). Ya casi las 8 pm, los piuranos asisten como todos los años a velar a sus muertos.

En la entrada del cementerio llama la atención la gran cantidad de negocios improvisados, común en estas fechas. Allí se mezclan el suave aroma de flores, con el típico olor a guiso de pollo, pato y pavo y más platos que se sirven por unos cuantos soles.

La tentación de degustar algunos apetitivos nos llevaron a probar unos bocaditos llamados “angelitos”. Estas pintorescas bolsas están llenas de alfajores rosquitas de manteca, bocadillos, dulces de colores, suspiros y otros. Y según nos comentaron, estos dulces son típicos del bajo Piura, y es costumbre de las madres que alguna vez perdieron a un hijo pequeño, regalarlo a los niños que se les recuerden al que perdieron.

Mientras escuchaba esta historia, pasaron unos niños ofreciendo unos llamativos panes, de forma ovalada con una cruz en el centro, conocidos como “pan de muerto”. Si bien, los piuranos tienen toda la noche para rezar y conmemorar a sus difuntos, si les apetece, pueden seguir recordando a sus seres queridos degustando algún bocadillo típico de estas fechas, por algo dicen que los peruanos somos de buen “diente”.

30 oct 2007

Etimología del chifle


Chifle. Foto: Luis Sánchez Gavidia.


Por: Dr. Carlos Arrizabalaga Lizarraga
Profesor de Lingüística de la Universidad de Piura
Piura, octubre de 2007

El Dr. Arrizabalaga es un filólogo español que radica en el Perú desde 1996. Su tesis doctoral trató sobre la sintaxis del español norperuano.

Etimología del chifle
Martha Hildebrandt consignaba el término chifle entre los de origen incierto en su tesis doctoral (1949), opinión que el erudito piurano Carlos Robles Rázuri sigue a pie juntillas. El padre Esteban Puig en un primer momento creyó que se trataba de un indigenismo tallán pero luego desistió de esta idea sin atribuirle un origen seguro. El profesor Coello cree que se trata de un arabismo (de šifra, ‘cuchilla’). Pero su etimología va por otros derroteros menos complicados.

Ya no es de esas palabras “que suenan extrañas a oídos de un limeño”, como decía Hildebrandt, dado que la progresiva industrialización y comercialización del producto (soy de los convencidos de que tiene mucho futuro), ha hecho reconocidísima a la deliciosa receta. También en Ecuador hacen chifles, muestra de la fluida comunicación que existió siempre entre el norte peruano y el sur del vecino país. La receta muestra ligeras variaciones (se cortan en rodajas redondas o alargadas, más gruesas o más finas, con carne seca de distinta índole, picantes o dulces...).

Pensar que chifle es término tallán era muy aventurado, más cuando el plátano con que está hecho provino de lejanas colonias portuguesas en África y el sudeste asiático (afronegrismos son, por ello, guineo y banano). Chifle es palabra castellana antigua que proviene de chiflar como chiflado, chiflón (peruanismo ya mencionado por Benvenutto Murrieta en 1936) y mercachifle, aunque sus significados ahora sean tan dispares que resulte opaco su origen común. A su vez, chiflar y silbar provienen del latín sifilare y sibilare. Las dos soluciones han mantenido su respectivo nivel de uso, más popular en chiflar que en silbar, más culto.

Como chiflar sirve a menudo para hacer burla de alguien, chiflado pronto se sustantiva para designar a la persona de la que todos hacen burla, hasta que su extraño comportamiento termina denominándose chifladura.

Así también, como el viento suena en nuestros oídos como si estuviera chiflando, no hay obstáculo para que un golpe de viento sea llamado chiflón. Es americanismo, lo que comprueba la mayor difusión del término popular a este lado del idioma. Aparece, en referencia a unas danzas vinculadas con personajes míticos prehispánicos en las tradiciones de Huarochirí, en un documento fechado en 1656 del Archivo Arzobispal, mencionado por Manuel Burga:

...vaylando el vayle guacon y chiflando como luchas, dando palmadas en la boca.[1]

En fin, igual que de silbar se creó el silbato, de chiflar se creó chifla o chifle. El término, que hoy se emplea de modo restringido para nombrar el silbato o reclamo utilizado para cazar aves, tuvo gran vitalidad en otro tiempo, pues dio lugar al compuesto mercachifle: persona que vende mercancías con ayuda de un chifle o silbato. Juan de Arona dice: Chifla, chifladera, chiflato, chifle, chiflo, chiflete, y finalmente el aumentativo chiflón, designan todos un silbato o pito, o instrumento para silbar”. A inicios del siglo XVII lo utiliza el jesuita González Holguín en su diccionario, como sinónimo de silbato para explicar el significado del quchua cuyuyna, aunque en la entrada cuyuyni habla solamente de 'silvar (sic) con la boca'. [2]

Por ello disentimos de la opinión de Óscar Coello, porque la chifla o cuchilla con que trabajan los talaberteros no tiene semejanza con la tablita con que cortan las tajadas de plátano que se convierten en chifles.[3] El chifle, en realidad, era el cuerno de res utilizado como instrumento para silbar.

En el entremés que compuso Peralta Barnuevo para la comedia La Rodoguna, aparece un mercachifle que se lamenta de haber dado a una dura Panchita “por tus caricias falsas / mis puntas finas” para concluir aludiendo a un asunto de infidelidad:

¡Qué mala tierra donde
nunca se eximen
de estas Circes tacañas
chifles Ulises![4]

Dentro del código satírico burlesco de la época, se refiera a la tal Panchita (dura no tanto por diferir el encuentro amoroso, sino por exigir un pago por sus servicios, así que la tilda de tacaña) llamándola Circe, en alusión al personaje homérico, porque Panchita no quiso soltar al mercachifle hasta dejar vacío su atadillo (el marido se asemeja entonces, también en código burlesco, al héroe griego, atrapado en una isla por efecto de un sortilegio”). El término chifles es juego de palabras con mercachifle y alude a los cuernos que pone Panchita a su esposo (el cual “¡era buen hombre!”) al encontrarse con el mercachifle (encuentro amoroso que parece ser un lugar común del género). Ella responde luego: “Cierra los labios, que por tus atadillos / tienes mis brazos” y lo despide llamándolo ya no "mercachifle" sino ahora “mercader de amor”.

Porque los chifles se hacían con cuernos, en Guatemala chifle significa todavía tal apéndice bovino. Y como en ellos se guardaba agua o aguardiente (también pólvora), todavía hoy en Argentina chifle significa ‘cantimplora’. En el habla gauchesca, por influencia del portugués, se dice chifre, según registra Marcos Augusto Morínigo:

A la botella de cuerno en que llevaban agua o la "ginebra" para las 'travesías' la llamaron chifre los primeros gauchos, por su semajanza con el silbato del cómitre en las galeras.[5]

La presencia de ese significado en la provincia de Tucumán la testimonia Carrió de la Vandera a mediados del siglo XVIII:

“En tiempo de guerra [los soldados] tenían continuamente colgando al arzón de la silla un costadillo de maíz tostado, con sus chifles de agua, que así llaman a los grandes cuernos de buey en que la cargan y que es mueble muy usado en toda esta provincia”.[6]

Los chifles o chifres ‘cuernos’, pasaron a designar a las ‘rodajas de plátano frito’ por metáfora, ya que los retorcidos chifles asemejan la forma de unos cuernecillos. De la misma manera el eufemismo cachos con que se designan ahora los cuernos de los animales (originalmente el término significaba ‘pedazo pequeño de alguna cosa’, del latín capulus, ‘puño’, y de donde deriva también cachete), sirve ahora para llamar, en la forma del diminutivo cachitos a unos panecillos en forma de media luna similares a cuernecillos. Es decir, se repite la misma metáfora que dio origen al piuranismo chifle, aunque ésta última no es opaca en absoluto. En cambio, en el oriente peruano, el origen de chifle se hace opaco al designar ‘carne seca machacada, con tajadas pequeñas de plátano verde, fritas en manteca”.[7] Aunque probablemente el producto tiene el mismo origen, la carne seca ha dejado allá de ser un acompañamiento de las rodajas de plátano para converstirse en el protagonista de la preparación culinaria. Ha sufrido un cambio semasiológico.

Referencias:
[1] Documento del Archivo Arzobispal de Lima (HI), leg. 3, exp. 12, fol. 222v, recogido por Manuel Burga en Nacimiento de una utopía. Muerte y resurrección de los incas, Lima, Instituto de Apoyo Agrario, 1988, pág. 191.

[2] Diego González Holguín, Vocabulario de la lengua general de todo el Perú llamada lengua qquichua o del Inca (1608). Lima, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 1989, pág. 59.

[3] Ver Óscar Coello, “Algunos arabismos y otras zarandajas del español en Piura”, en Marco Martos, Aida Mendoza e Ismael Pinto (eds.), Actas del Congreso Internacional de Lexicología y Lexicografía “Miguel Ángel Ugarte Chamorro”, Lima, Academia Peruana de la Lengua, Universidad San Martín de Porres y Pontificia Universidad Católica del Perú, 2007, págs. 215-229.

[4] Pedro Peralta Barnuevo, Entremés para la comedia La Rodoguna, en R. Silva Santisteban (ed.), Antología General del Teatro Peruano. III Teatro Colonial. Siglo XVIII, Lima, Pontificia Universidad Católica del Perú, 2004, págs. 29-38. Cita en pág. 30.

[5] Marcos Augusto Morínigo, "La formación léxica regional hispanoamericana", en Nueva Revista de Filología Hispánica, 7, 1953, págs. 234-241. La cita está en pág. 241.

[6] Alonso Carrió de la Vandera, Lazarillo de ciegos caminantes o Concolorcorvo. Edición de Emilio Carilla, Barcelona, Labor, 1973, pág. 176)

[7] Enrique Tovar, Vocabulario del Oriente Peruano. Lima, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 1966, pág. 79.

21 oct 2007

Huevo frito o huevo freído, ¿qué te provoca?

Por Eliana Gonzales Cruz
eliana.gonzales@udep.pe
Profesora de la Facultad de Educación de la Universidad de Piura
Piura, 24 de septiembre de 2006


¿Es que acaso hay alguna diferencia entre el huevo frito y el huevo freído? ¿Es uno más rico que el otro? ¿Por qué cuando escuchamos decir huevo freído pensamos inmediatamente en el huevo frito? Frito y freído, ambos por cierto aceptados, son participios del verbo freír.



Los participios junto con los gerundios e infinitivos son formas no personales o más comúnmente conocidos como verboides, que no poseen los morfemas propios de los verbos conjugados que indican tiempo, modo, número y persona. Suelen aparecer en las perífrasis o en formas compuestas del tipo: voy a freír, estoy friendo, he frito o he freído. Cuando aparecen solos suelen funcionar como sustantivos (Correr es saludable), adjetivos (Carretera inaugurada) o adverbios (Respondió gritando).

Para seguir con la actividad culinaria de freír, en “He frito un huevo” y “He freído un huevo”, estamos ante dos formas de participio, que en español se caracterizan por presentar las terminaciones –ado e –ido (cantado, vivido, freído), pero también –to, –so y –cho (frito, impreso, dicho).

Frito y freído es uno de los casos verbales que presentan dos terminaciones, lo mismo que impreso e imprimido (del verbo imprimir), provisto y proveído (del verbo proveer). Así, se puede decir: “He frito un huevo” o “He freído un huevo”; “Han impreso mil afiches” o “Han imprimido mil afiches”; “Ha provisto de los víveres” o “Ha proveído de los víveres”. Todos los pares son, en efecto, correctos y los podemos emplear en las formas compuestas; sin embargo, hay ciertas preferencias por usar las primeras: han frito…, han impreso… y ha provisto… Esta doble posibilidad no existe cuando el participio funciona como un adjetivo: afiches impresos y no *afiches imprimidos, huevo frito y no *huevo freído, víveres provistos y no *víveres proveídos.

A diferencia de lo que ocurre con los tres verbos analizados en el párrafo anterior, en su gran mayoría los verbos presentan una única forma de participio: ha bendecido y no *ha bendito, hemos elegido y no *hemos electo, han roto y no *han rompido, ha concluido y no *ha concluso, he confundido y no *he confuso, han soltado y no *han suelto, he despertado y no *he despierto, ha sustituido y no *ha sustituto. También una única forma presentan en el caso de que funcionen como adjetivos: libro roto y no *libro rompido, preso suelto y no *preso soltado, niño despierto y no *niño despertado, negocio concluido y no *negocio concluso.


Algunas formas como bendecido y elegido suelen aparecer con complemento agente: “Es una niña bendecida por Dios”, “Lleva un rosario bendecido por el Papa”, y “Es el presidente elegido por todos los peruanos”. En todos los casos se entiende que “la niña fue bendecida”, “el rosario fue bendecido” y “el presidente fue elegido” por alguien (el agente) en las oraciones pasivas perifrásticas, llamadas también pasivas analíticas. En el caso de confundido también puede aparecer en las pasivas perifrásticas: “Fue confundida por su hermana” y no *fue confusa; sin embargo, cuando significa ‘desconcertado, sin saber qué hacer, ni qué decir’ puede ser intercambiado por el adjetivo confuso: “Se le nota confundido y nervioso” o “Se le nota confuso y nervioso”.

Bueno, estimado lector, espero no haberlo confundido y mucho menos haberlo dejado nervioso con el uso de los participios, sobre todo con aquellos casos en los que podemos vacilar. No ha sido mi intención dejarlo confuso ni mucho menos confundido. Ahora ya sabe que si bien no hay diferencia alguna entre he freído un huevo y he frito un huevo, no es lo mismo decir huevo freído que huevo frito.

Algarrobina

  Texto: Carlos Arrizabalaga Lizárraga Universidad de Piura, Perú carlos.arrizabalaga@udep.edu.pe Nada más piurano que la algarrobina y los ...